Las ventajas de la agricultura de carbono

Europa tiene un objetivo para un año concreto: cero emisiones netas de gases de efecto invernadero en 2050. Que el CO2 que se emite se vea compensado por el que se captura. En este escenario, los agricultores pueden acceder a posibles nuevos ingresos gracias a las ventajas de la agricultura de carbono si son capaces de demostrar que han reducido su huella de carbono, pero ¿cómo?

Empresas y administraciones no paran de hablar de la agricultura baja en carbono y de sus posibilidades si se realizan prácticas agrícolas adecuadas. La presidencia de turno de la UE, que recae ahora en Francia, ya ha centrado la primera reunión de los ministros de agricultura en este tema, con algunas iniciativas para introducir compensaciones si se reducen las emisiones. 

huella carbono agricultura

¿Qué es exactamente la agricultura baja en carbono?

La producción de alimentos conlleva emisiones de gases de efecto invernadero. En concreto, el sector concentra el 26% de las emisiones mundiales, según datos de la UE. De ellas, el 53% proceden de la ganadería y sus necesidades; el 29% de los cultivos y el 18% de la cadena de suministro. 

Sin embargo, un agricultor puede encontrar ventajas en la agricultura de carbono, disminuir sus emisiones y, por tanto, acceder a posibles compensaciones económicas. Las opciones son varias. 

Por ejemplo, con un menor consumo de fertilizante. La agricultura de precisión permite acceder a la dosificación variable y ajustar la cantidad exacta de abono de acuerdo con el potencial productivo de cada zona de la parcela. Además del ahorro económico hay un menor uso de fertilizante. No se utiliza, no se fabrica, no se contamina, como nos explicó el doctor ingeniero agrónomo Jorge Miñón en este podcast sobre agricultura de precisión.

El suelo, el aliado del agricultor

La otra alternativa es la captura de carbono a través del suelo y los cultivos, donde juega un papel relevante el modelo de agricultura de conservación. Sin ser exhaustivos, los cultivos fijan carbono atmosférico mediante la fotosíntesis para formar sus estructuras ((raíces, tallo, hojas, frutos…). Una parte de este carbono se exporta con la cosecha, pero otra parte muy importante se puede incorporar al suelo en forma de residuos vegetales. 

Gracias a prácticas más sostenibles con el suelo, como la siembra directa, la ausencia de laboreo o la rotación de cultivos con leguminosas, el carbono queda atrapado en el suelo y se evita su emisión a la atmósfera. Este es uno de los motivos por el que la nueva PAC que entra en vigor en 2023 apoya la agricultura de conservación a través de los ecoesquemas. Si quieres profundizar en este modelo de agricultura te recomiendo estos dos podcast: con Luis Miguel Arregui y con Carlos Molina Pitarch.

El potencial de este sistema es elevado. Según un estudio de la Asociación Española de Agricultura de Conservación, España tiene la posibilidad de aplicar estas técnicas en 7 millones de hectáreas de herbáceos y 5 millones en leñosos que lograrían capturar 52 millones de toneladas de CO2 al año. Hay que tener en cuenta que las emisiones totales de España ascienden a 271 millones de toneladas de CO2 al año. 

Hay más fórmulas para que el sector reduzca sus emisiones. La estrategia de descarbonización para 2050 del Ministerio para la Transición Ecológica recoge otras prácticas como la producción de biogás a partir de estiércoles y purines, uso de fertilizantes nitrogenados recubiertos y con inhibidores de la nitrificación o tecnologías para riego y fertilización.

Los restos vegetales de la cosecha anterior permanecen y se incorporan al suelo

Cómo certificar la huella de carbono del agricultor 

Aquí nos encontramos con la clave y la complejidad de este proceso. Es necesario certificar, evaluar cómo el agricultor ha reducido su huella de carbono. Por ejemplo, en España existe un registro de huella de carbono que incluye una calculadora para estimar las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por una explotación agrícola.  

Este cálculo conlleva obligatoriamente un plan de reducción de emisiones. Así lo hará Francia, que va a otorgar a los agricultores una etiqueta de bajas emisiones de carbono si se comprometen a reducir sus emisiones durante 5 años para que puedan acceder al mercado de créditos de carbono.

¿Qué son los créditos de carbono?

Como sabemos, la actividad industrial conlleva la emisión de CO2. A raíz del protocolo de Kioto se dio la posibilidad a esas empresas de compensar sus emisiones con proyectos verificados en el mercado voluntario de CO2. La “moneda” de este mercado son los créditos de carbono, también llamados bonos de carbono. 1 crédito= 1 toneladas de CO2 equivalente que ya no se emite a la atmósfera. 

Por tanto, el objetivo del agricultor será acreditar cuántas toneladas de CO2 ha logrado reducir en su explotación (mediante prácticas sostenibles, reducción de insumos…) para generar créditos o bonos de carbono que se venderán en el mercado de CO2, donde acude la industria que necesita compensar sus emisiones. 

Como veis, el procedimiento no parece sencillo, pero las grandes compañías agrícolas están empezando a lanzar programas para que los agricultores se sumen a las ventajas de la agricultura de carbono. 

La oferta de las grandes compañías en la agricultura baja en carbono

Grandes compañías del sector agrícola ya se han lanzado a ofrecer programas de agricultura baja en carbono en todo el mundo. Para los agricultores españoles podrían concretarse este mismo 2022. 

Una de las firmas con un programa más avanzado es Agoro Carbon Alliance, que cuenta con el respaldo de la compañía Yara. Su director para Europa, Mats Rosenberg, ha explicado recientemente que operarán de esta forma: calculan el carbono capturado, auditan y certifican los resultados, compran al agricultor las toneladas secuestradas y a su vez venden esos créditos a las empresas que necesiten reducir su huella. Aprovecharán la próxima feria de maquinaria agrícola FIMA, del 26 al 30 de abril, para lanzar su oferta que estará disponible para algunas zonas y cultivos.

Un nuevo cultivo para los agricultores: el carbono

La compañía Bayer ya realiza estas prácticas con agricultores de Brasil y Estados Unidos. Basf también ha puesto en marcha su programa global de agricultura baja en carbono que lanzará por etapas a lo largo de 2022.  Otra multinacional, Corteva tiene implantado su programa de pagos por secuestro de carbono para agricultores de maíz y soja también en Estados Unidos.

El interés creciente por las ventajas de la agricultura de carbono se mueve en paralelo a la evolución desbocada del precio del CO2, que bate récords días tras día. Los derechos de emisión han alcanzado en febrero los 94,15 euros por tonelada, un nuevo máximo histórico

Con este escenario, ¿accederán los agricultores a nuevos ingresos con este modelo productivo? ¿Compensará los elevados costes de producción ahora disparados? Y quizás lo más relevante, ¿contribuirá a que se reduzcan los gases de efecto invernadero?

Si conocéis más iniciativas para compensar la captura de carbono en agricultura compártelo con todos en los comentarios. ¡Gracias!

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